Por Julián De Zubiría Samper*

La sociedad debe asumir su responsabilidad en la construcción de un nuevo país. La comunidad educativa hace un llamado para que todas las instituciones del país se unan en una jornada de reconciliación que permita dejar el odio atrás.

Semana Educación

Queridos maestros: He sido profesor durante 39 años. Siendo joven fui nombrado docente de un colegio oficial en un barrio marginal de Bogotá. Al igual que ustedes, trabajé en asignaturas tan diversas como religión, educación física, matemáticas y sociales. Pasé luego al colegio San Carlos. Allí, en conjunto con otros colegas, gestamos lo que sería el Merani.

He dedicado mi vida a transformar la educación. Esto exige modificar las maneras de pensar, sentir y comunicarse, lo que significa cambiar la cultura, quizá la tarea más compleja en una sociedad. Aun así, si volviera a nacer, volvería a ser docente. La razón es sencilla: lo más emocionante que he visto en mi vida es el desarrollo encarnado en los niños. Ver el proceso que los conduce a pensar, ver cómo clasifican y establecen relaciones cada vez más complejas. Ustedes y yo sabemos que este proceso solo es posible con un buen docente enfrente.

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También he sido testigo de otro de los momentos que justifican la vida. Ver lo que pasa con un niño cuando aprehende a leer. El mundo se le duplica, tanto el de los objetos como el simbólico. Este último, miles de veces más prolífico, ya que permite aprehender de experiencias no vividas. Nuevamente, ello solo es posible teniendo un profesor. Pero hoy quiero hablarles de otra de las acciones esenciales de la vida: la posibilidad de enseñar a un niño a expresar afecto y compartir ideas, respetando el hecho de que los otros piensan y sienten diferente a nosotros. Es otra de las maravillas que solo es posible alcanzar participando en un proceso de mediación. El afecto, como el amor, se desarrolla. Si no tuviéramos personas que nos quieren y se preocupan por nosotros no aprenderíamos a dar.

Lo triste de esta historia es que vivimos en un país que de tanto estar expuesto a la guerra se ha enfermado emocionalmente. El lenguaje dominante ha sido el del odio y la venganza. Según estudios, los colombianos confiamos tan solo en el 10 % de quienes nos rodean, mientras que los finlandeses confían en el 75 %. Pero si a odiar se aprende, también se puede enseñar a querer. Por eso hoy me dirijo a ustedes, porque creo fielmente en el impacto estructural y profundo que tiene la buena educación.

Todos llevamos en el corazón a aquel maestro que nos enseñó a conocernos y que nos llamó la atención cuando equivocamos la palabra o el tono para referirnos a un compañero.

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Tenemos tareas pendientes que cumplir con el país y con los niños bajo nuestra formación. Una de ellas es ayudar a impulsar el cambio cultural que necesitamos. Y no lo lograremos solos, porque es mucho lo que podemos impulsar si lo hacemos en equipo.

Por eso, en conjunto con miles de jóvenes, queremos invitarlos a que nos acompañen a organizar una jornada por la reconciliación. Una Jornada en la que se hagan presentes todos los colegios y universidades del país y que podría tener un efecto reparador en la sociedad. Sería, igualmente, la bienvenida al papa Francisco, quien, como ha dicho el cardenal Rubén Salazar, viene a “blindar el proceso con las Farc y a orar por la paz”.

Una forma para que la sociedad asuma el papel central que le corresponde. Invito, por lo tanto, a la comunidad educativa a que el próximo 30 de agosto, a las 12:00 del día, en cada una de nuestras instituciones, nos unamos en una masiva oración por la paz, que cada uno entreguemos un pequeño mensaje a aquel de quien un conflicto nos separó y a que nos demos un abrazo profundo de reconciliación.

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Invito a los profesores a que, previa conformación de un comité organizador, definamos en dónde se escribirán los mensajes, cómo se repartirán, en qué lugar se reunirá la comunidad y qué pasará en la ceremonia simbólica, que debería incluir expresiones artísticas.

Hemos firmado unos acuerdos, pero la paz verdadera la construiremos transformando la cultura, para lo cual es condición que entre todos cambiemos el odio por la reconciliación. ¡La educación es el camino a la paz! Ustedes y yo lo hemos sabido desde siempre.

*Director del Instituto Alberto Merani y consultor en educación de las Naciones Unidas. 
Twitter: @juliandezubiria

Créditos: Tomado de Semana Educación (En línea) Recuperado el 24 de Agosto de 2017. Disponible en: http://www.semana.com/educacion/articulo/educacion-para-la-paz-en-colombia/537415

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